Hace unos meses en un día normal, fue una noche más donde de regreso a casa después de una larga jornada de trabajo, justo en vacaciones, parada en el paradero y a lado de tres niños que aún no los dejo de recordar, esperaba como de costumbre la línea 34, por lo general solía esperar no más de 15 minutos, pero aquel día paso media hora y aún el carro que me llevaría de regreso a casa no pasaba. De más de 10 personas que estaban paradas en el paradero solo quedaron aquellos tres niños que llamaron mi atención y yo, pues el mayor tenia 12 años y los otros dos, entre ocho y diéz años, ¿cómo tres niños de tales edades estaban a las once de la noche solos en la calle?, fue lo que me pregunté y al mismo tiempo imaginé a mi hermano de doce años en tal situación, por lo que sin pensar, me acerqué sin temor, pues según como vestían y de acuerdo a lo que podía escuchar, el tema de su conversación, sabía que eran hijos de la calle y por ende me arriesgaba a que me roben ya que justo ese día un compañero de trabajo me dijo que esa avenida era peligrosa por los robos que se habían frecuentado.
Con una voz muy seria les pregunté, qué hacian tan tarde y cómo olvidar lo que me respondieron pues el mayor me dijo que quería ser policía, que por favor lo ayude a estudiar y me enseñó un tatuaje que tenía en el brazo; su amigo que estaba sentado en un cajón y a simple vista se notaba que era menor solo repetía sexo, era un mocoso que no llegaba ni a los diéz años y sin saber el significado de esa palabra la decía y se burlaba de su amigo, pues dijo que los policías no tenían tatuaje y el otro niño simplemente se quedó callado, pero los tres tenían algo en común; no sabían leer, ni escribir y no conocían a sus padres, pero sólo el mayor me repetía con fe y esperanza que quería estudiar.
Luego de unos minutos de conversar con aquellos niños paso mi carro y de regreso a casa no pude dejar de pensar en aquella conversación, pude sentir como me introducia a un mundo distinto al mio, a un mundo donde había niños que necesitaban educación y que en más de una oportunidad días anteriores cuando iba de regreso a casa los escuchaba cantar y tenían un gran talento.
Hata hoy me pregunto que será de esos niños, pues solo soy una universitaria más, sin ningún poder y desesperada en aquel momento por encontrar alguna solución; hoy, sin embrago después de unos meses, aún con la incertidumbre de volver a aquel mundo con una simple conversación para conocer más de aquellos menores de edad que buscan a gritos apoyo moral, apoyo educativo, etc. Quedó en mí, hasta hoy aquel bichito que me impulsa a buscar una solución y es que ese solo es un caso de tres niños sin educación y con ganas de estudiar de los millones que existen en el Perú y ni que decir en el mundo.
Sólo fueron tres niños que en un mañana no muy lejano tendrán 18,19 y 20 años de edad, con una vida sin proyección, quién sabe... pueden ser los ladrones del mañana, algún violador de los muchos que salen en los noticieros o un policía; en consecuencia es necesario no esperar a que alguien haga algo, sino hacer algo por estos niños desamparados para contribuir con su formación, no olvidemos que de niños esta formado el mundo, que los niños hacen lo que ven y que un adulto es un niño formado de experiencias escuchadas, vistas y vividas. Eduquemos al mundo con el ejemplo.