Recuerdo a mamá esta noche, la recuerdo hablandome de la vida, contando sus historias vividas, temerosa de que reciba una bofetada de la vida, me cuida aún de lejos, pero rehacia me alejo, cansada de sus miedos y preocupaciones advertidas, tonta ahora me siento, feliz de tener a mi madre, pero tonta porque la realidad me la advirtió y no hice más que cegarme al elegir seguir mis pasos adivinos, inexpertos, aprendiendo a caminar, lejos de mamá hice real su miedo que me condenó.
Recuerdo a mi madre sentada frente a mi hablando de la vida y ansiosa por decirle que se calle, me levanté de la mesa e ignorando su palabra, hice más caso a la canción que tocaba la emisora, convirtiéndome en opresora de mi libertad.
Es mi revelde corazón el que me sancionó, pero es mi hambrienta soledad la que implora a mamá, sus historias las recuerdo, extraño sus castigos, su voz juguetona y sus preguntas infinitas; su espiritu juvenil me enseñó a ver un mundo fantasioso y del que tuve que descubrir a solas dolorosas experiencias.
No hay más desgracia que perderme de estar con ella, es mi mamita la experta, la que sabe que pasará, la que no duda en saber que me pasa, solo ella me hace falta. Es ella mi ejemplo y aunque nunca llegue a ser tan perfecta como ella, mi vida se la dedico solo a ella.
Fortaleza veo en ella, alegría a pesar de un mundo lleno de melancolía; es ella mi eterna diosa, mi más valioso tesoro, la que me enseña a dar cada paso en este mundo, la que me da apoyo incondicional y a la que temo perder su confianza.
Es mi madre a quien le falta tan poco para que se iguale a la Virgen, solo que yo no soy tan perfecta como Jesús, pero amo tanto a mamá, tanto como Jesús amo a María. Es mi ángel sin alas, la que me guía.
Es mi madre a quien le falta tan poco para que se iguale a la Virgen, solo que yo no soy tan perfecta como Jesús, pero amo tanto a mamá, tanto como Jesús amo a María. Es mi ángel sin alas, la que me guía.