
La rosa, el cielo y un papel; la tímida rosa envuelta en un papel y el cielo solloza sin mojar el papel que encierra a la rosa que habita en él.
Dicen que aquella rosa es tan frágil y hermoza que no tiene nada que esconder, dicen también que basta una hoja de papel para dejar de correr y quedar atrapada en él, pero nadie dice que el azul del cielo pronto ya no será eterno, que sus lágrimas claras se extinguirán y que los pétalos de la rosa caerán desmallados y acostados sin saborear las gotas del cielo que jámas dejó de saber lo que se siente estar de pie y dejar de ver.
Las dudas, miles de preguntas, qué puedo yo hacer; dejar correr el tren o quedarme sentada en el. Ya basta de rosas que el fuego no tardo en quemar el papel, ya basta de encierros que los perros no dejarán de ladrar a quienes quieren acabar con la felicidad del coronel.
Es la rosa, la más maravillosa, la misma que decoró el cielo, a la que no le importó los motivos, ni sonidos y huyó del papel; arrugado ahora está él, arrepentido de haber nacido y haber sido infiel; convertido en cenizas, perdiéndose en el viento sin elevarse en el cielo, pues el fuego acabo con él.
La rosa, el cielo y un papel; escrito estaba el papel, solo la rosa sabe que decía en él; fue la rosa la que estuvo por más de 200 años encarcelada, envuelta en aquel pliego de papel esperando conocer la inmensidad del cielo azul; cielo que aunque parecía eterno, necesitaba del aroma de los pétalos de la rosa para poder seguir respirando.
Ya era demasiado 200 años sin sentir a aquellas rosa roja, sin olfatear su aroma extraño, sin ver su tallo largo, ya era demasiado, el cielo se extinguía, se pintaba de a poquitos blanco desanimado.
Una rosa, el cielo y un papel; que valiente fue esta rosa, aunque fragil y delicada nunca dejó de creer en que pronto veria la inmensidad del cielo azul, lo soñaba despierta, aún dentro del papel, encerrada sin poderlo ver, lo imaginaba tan azul como sus lágrimas con las que escribía en aquel encierro que era el papel y asi como sus lágrimas eternas, eerno el azul del cielo.
Tan grande fue su fe que pudo deshacerse del papel y aunque grande fue su sorpresa cuando vió el cielo, este no era eterno pues se estaba destiñendo; el cielo se perdía cada segundo que no sentia el aroma de aquella roja rosa, 200 años había esperado y no aguantaba ni un segundo más.
La rosa que encerrada permanecío por muchos años en aquel papel, por fin pudo elevarse, ser parte del cielo y con sus lágrimas azules, con las que escribió por 200 años el papel, pintó el cielo otra vez, lo decoró y asi el cielo siempre fue eterno.
La rosa, el cielo y un papel: la rosa roja, la gran artista que nunca perdió la fe, quien delineó estrellas en el cielo azul que hasta hoy es eterno y muy azul y el papel que fue infiel ahora yace en agonía sin vida.
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