
En qué momento aprendí a coger la pluma; soñé que estaba despierta, inmóvil en la cama con la pluma insertada entre mis dedos; creo haber estado despierta... ebria en la cama. Cómo permití que mi mente huya deslumbrada y dejándome atada a la pluma perdí el sentido que entre copas imaginarias, embriagaba cada segundo que la pluma movía mi mano entre fantasías mientras creía que dormía.
Es la noche testigo que no soy yo quien vive sin la pluma, es la pluma quien me busca cada lunes a domingos, cada noche me desvelo por culpa de la pluma que me utiliza para serle útil a la inútil que sin mí la tinta que derrama jamás se expresaría con palabras; adicta me dicen, adicta a la pluma; no soy yo quien la busca, no es mi mano la que escribe, no es el alcohol que me embriaga, es la pluma loca y desesperada que me hizo su esclava.
En la noche es la cita, en la mañana ya la extraño y no sé porque lo hago; en la noche no soy yo, no es mi mente la que piensa con certeza; es mi alma la que corre, es mi cuerpo que enloquece cuando mi pulgar no toca el cuerpo de la pluma; ya está cerca, ya regresa; ya no puedo dejar de vivir sin sentir en las yemas de mis dedos a la pluma que me hizo no su esclava, sino su diosa de mil palabras.
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