
Cuando con el tacto acaricio un libro es placer lo que siento; cuando ojeo cada página no puedo expresar este sentimiento; es la palabra de un libro lo que me llena de sabiduría y satisfacción de saber que nunca se extinguirán y podré leerlos sin control.
Hablan los libros, gritan y se les escucha; nunca olvidan, y sólo ellos conocen la verdad; en sus páginas están plasmadas historias de aventuras y de terror, misterios y la vida de un cacique o un emperador, de un país o simplemente un loco escribió sin control.
Es un libro un amigo, un maestro y un sabio; es el centro del conocimiento.
En una de sus páginas habla de amor y nunca se enamoró; cuenta la historia de Bolívar y Cristobal Colón y nunca los conoció, un libro es un hablador.
En una de sus páginas habla de amor y nunca se enamoró; cuenta la historia de Bolívar y Cristobal Colón y nunca los conoció, un libro es un hablador.
La palabra de un libro es un signo común que no conoce fronteras, no tiene límites y es preciso decir que es un tesoro no escondido y aunque muy difundido son pocos sus grandes amigos.
Aún en el mayor olvido no olvides llevar siempre a un libro; puedes estar sólo y aburrido, pero la palabra de un libro jamás te hará sentir en el olvido.
Es un libro engendrado de una idea, sentimiento, por la desesperación o satisfacción que nace en el interior de un ser que más allá de crear un libro, busca plasmar una verdad inmortal o quiere crear una historia en un mundo de fantasía que sólo se hará realidad entre consonantes.
Es un libro como un jardín fértil y las palabras como rosas delicadas, algunas son tan fuertes que hieren los ojos y matan el alma.
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